La pretemporada dejó una contradicción bastante clara: Jordan podía producir noches grandes, pero Washington todavía no sabía muy bien qué hacer cuando él salía de la cancha. El regreso funcionaba como espectáculo; como equipo, los Wizards seguían en construcción.

El 18 de octubre, Detroit ganó con amplitud un partido de exhibición en el que Jordan terminó con 24 puntos. Dos noches después llegó la respuesta más llamativa: 41 puntos frente a New Jersey. El resultado siguió siendo derrota, pero la discusión sobre si todavía podía competir al máximo nivel empezó a perder bastante entusiasmo.

Doug Collins intentaba que el resto del plantel no se limitara a mirar. Esa era probablemente la cuestión más importante del regreso: cuánto podía aportar Jordan y cuánto podía crecer Washington sin depender de que él jugara como si todavía tuviera 28 años.

La temporada regular estaba a días de empezar. El archivo original veía optimismo y alarma casi al mismo tiempo. Viéndolo desde hoy, no estaba tan mal el diagnóstico.